No es otro día igual. Ninguno lo ha sido. Hoy el cielo no
está como ayer, aquel taxi no ha parado en la misma esquina y tú tampoco eres
el mismo. Todo tiene un comienzo y hoy podría ser el tuyo, o tal vez hayas
empezado ya, quien sabe. Tanto da. Igual que un mar de gente, que todas esas
vidas que pasan por tu lado a lo largo del día y que no te molestas ni en
mirar, así somos, igual de pasajeros. Contradictorios, como en medio de una
multitud podemos sentir silencio. Capaces de dar a la mentira apariencia de
verdad. O de buscar la felicidad, como si de una conquista se tratara,
olvidando que si con un gesto nos atrapa, con otro nos dejará ir.
Temporal. No existen perdedores y
ganadores, quien pierde, algún día, gana otra cosa. Y las veces que te sientas
recompensado, equivale a lo feliz que puedes llegar a ser. Porque también se trata de perder. Vertiginosos, capaces de
vivir toda una vida haciendo cosas que no nos gustan, olvidando que es mejor
una vida corta, haciendo lo que realmente deseamos, que una vida larga gastando
así nuestro tiempo, de una manera estúpida. Con miedo a desear.
Hoy los rascacielos parecían no mirar hacia donde lo hacían
ayer. El mar confundía con otro color y tú, tú ya habías vivido algunos minutos
más, ya no eras el mismo. Invadir toda esa atención de ti, y lanzarla lejos. Es
lo que nos hace diferentes. Conocernos sin olvidar que lo que nos rodea no es
lo que somos. Y entonces tal vez te sorprendas. No nos conocemos, o al menos,
no sabemos lo que podemos llegar a ser. Nos podemos reinventar.
Cuantas veces creíste en el destino, son el mismo número de
veces que de personas que no vas a olvidar. Formarnos a base de recuerdos.
Personas que te enseñaron a andar. Besos que no vas a olvidar. Promesas, que solo
sirve hacerlas si vas a romperlas después. Sombras. Te seguirán.
Puedes encontrar a tus iguales, y puedes perderles por el
camino también. Quizás es que hay alguien esperándote después de ellos. Nadie
se marcha si tuviera pensado volver. No es hablar de amor. Es tan solo una
recompensa. Todos necesitamos encontrar a alguien igual que nosotros. Alguien
tiene que recordarnos nuestra dirección cuando nos perdemos de línea.
Tan particulares, tan diferentes. Y es que somos tan
diferentes como iguales.
Ignorantes, pero con ganas de soñar. Y despegar está
en manos del que sabe aterrizar. Y a improvisar hemos aprendido todos.
“Sopla el viento sin parar, para que vuelva… y en el viento viene y va una respuesta. Y voy detrás de todas las tormentas por si la encuentro.” Roberto Iniesta.
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