sábado, 19 de octubre de 2013

Valiente.


Vuelvo a bajarme aquí.


Has vuelto apenas sin avisar, del mismo modo que dejaste de estar al levantarme. Tardaste el tiempo justo que necesitaba para volver a necesitarte. Sin sentido y con muy pocas razones, sin solución.
Rabia, impotencia, miedo y el vértigo.
Ese punto muerto que nos llega sin avisar. Los días que tiemblan justo cuando encima de ellos permaneces tú. El tráfico y todo ese sinsentido de calles y semáforos, el poco sentido de todas esas caras.
Los días, las noticias; las tuyas. La rutina; el sin ti. Y entonces el miedo. Los interrogantes y el silencio. El semáforo en rojo, el último bar abierto, un último gesto y la última nota todavía pendiente.

El punto muerto.

La última vez que escribiré esto por ti. La última persona que te quedó por avisar, la aguja del reloj que no viste pasar, el tiempo aún pendiente, y tu impuntualidad, esta vez igual.
Hoy estás y ya he vuelto a acostumbrarme.
Podíamos esperar aquel metro que se nos escapaba, parábamos cada verano en la misma terraza, esquivábamos Ramblas enteras y al perdernos nos volvíamos a encontrar, entonces reías y decías que por poco nos perdíamos.
Y ya nos hemos vuelto a encontrar, como siempre.
Fue un punto y a parte, y al cambiar de linea nos han cambiado a nosotros también. Suerte que hay cosas que no se olvidan jamás. No hace falta volver a aprender como empezar. O a querer, como se quiere a un hermano, al mejor.


"Tendré que acostumbrarme, a lo mejor, a la impaciencia de que tú...llegues siempre tarde y yo, siempre esté esperándote."


domingo, 21 de abril de 2013

Ya nos veremos


Parecen ser diferentes calles cada día, igual de diferentes que la taza de café que te espera en el mismo bar de siempre, el de la esquina. Como las aceras y esos cruces abismales, los recorridos, los semáforos, los destinos…
Sin embargo parecen ser siempre las mismas personas, pero sin poder recordar ni una sola cara. Son tan diferentes que parecen ser todos iguales. Levantar la mirada en medio de tanta incertidumbre, tantos ojos que no miran, intenciones tan distintas, es sobrecogedor.

No eres la única persona que va hoy a esa terminal, que sacará el mismo billete del mes pasado, en el mismo lugar de siempre y con la misma indiferencia. No eres el único que levanta la mirada creyendo que tan solo puede estar mirándole una sola persona de entre tantas que miran sin fijarse, solo pendientes de lo que les está por llegar. Ni tan especiales ni tan enigmáticos. Somos simples. Como al creer que somos únicos en algo, igual de simples.

Alguien se sienta en esa misma mesa con una taza de café delante, el billete de la terminal de esa misma plaza en la cartera y las mismas ganas de encontrar a otro alguien que le pare en esa calle de cruces abismales, donde nadie puede conocerle ni fijar su atención en él, y que le grite que son iguales. Que quiere saber que alguien como él, quiere conocer a alguien como él. 
Que no somos tan complicados, que solo queremos saber porque vivimos enamorados de alguien que nunca conoceremos.
Y que si algún día encontramos a alguien igual, alguien que empiece las cosas por el final, que pida el café en taza o que levante la mirada viéndose tan lejos de toda esa multitud, que entonces le paremos y le hagamos saber que no somos todos tan distintos. Que somos igual de abismales que todas esas diagonales que van a parar a la misma plaza. Solo somos enigmáticos para nosotros mismos, los demás saben que aun que decidamos coger la primera terminal, acabaremos pasando por la tercera. 
Que el día no acaba para nadie, que si no es la tuya, otras vidas siguen cuando tú decides pararte. 
Que las ciudades nunca duermen.



"Que me maten si se bate lo que late contra ná que no seas tú. Porque yo siempre he sido, cuando todos se han ido, el que apaga la luz." Kutxi Romero y A. Piedrafita. 

domingo, 24 de marzo de 2013

Pasos


La gravedad de nuestros días, las palabras del revés, los gestos que no interpretamos, las palabras que no escuchamos, las búsquedas sin resultado, el olvido para los cobardes. Los días malos.
Sensaciones que llamamos experiencia, y con la experiencia la grandeza. Nuestra grandeza. 
Aprender a mantenernos en pie, a doblar nuestras palabras, a observar nuestros gestos, sus gestos. Minuto cero, parar y observar.

Calles con tu nombre. Esperas. Amantes de lo ajeno. Teléfonos ardiendo. Cafés del puerto. Vidas paralelas. Deseos de Fontana. Promesas a la espera. Manos entre manos. Los días.
Encontrarte en todos los lugares. Formarte a cada paso con nuevas vidas, o con las de siempre. 
Volver, sentir, fingir, negociar, correr, romper, engañar. Crecer y bailar hasta el apagón.

Los cambios de rumbo, los pasos del revés, las luces que te cegaron aquella noche, el mar que te despertaba todos los días, quien decidió presentarse y quien se fue antes de que empezara la función.
Sentir cada punto y seguido. Cada día que te ha hecho grande. Las puestas de sol entre las mismas dos columnas de aquella plaza. Los abrazos. Continuar algunos principios que dejaste pendientes. Las risas infinitas y sin trato. Nos quedan muchos más regalos por abrir.
Descubrir puertas cerradas pendientes, sin orden. Ganas de comerte el mundo sin que él pueda contigo. 
No entender a razones que puedan intervenir. 
Nadie nos enseña donde parar y una vez despegamos no vamos a querer bajar.

Es como si tuviéramos tanto por explicar, tanto por demostrar, que no sabemos por dónde empezar, ni tan solo si vamos a ser capaces de hacerlo bien. De sacar lo que llevamos dentro para poder enseñar quienes somos. O es que quizás eso solo debamos de saberlo nosotros mismos.


Aun quedan defectos por perfeccionar.


"Las ganas de inventar y una tiza al cielo, marcarán la frontera de mi razón." Vetusta Morla.

viernes, 8 de febrero de 2013

Contratiempo



No es otro día igual. Ninguno lo ha sido. Hoy el cielo no está como ayer, aquel taxi no ha parado en la misma esquina y tú tampoco eres el mismo. Todo tiene un comienzo y hoy podría ser el tuyo, o tal vez hayas empezado ya, quien sabe. Tanto da. Igual que un mar de gente, que todas esas vidas que pasan por tu lado a lo largo del día y que no te molestas ni en mirar, así somos, igual de pasajeros. Contradictorios, como en medio de una multitud podemos sentir silencio. Capaces de dar a la mentira apariencia de verdad. O de buscar la felicidad, como si de una conquista se tratara, olvidando que si con un gesto nos atrapa, con otro nos dejará ir. Temporal.  No existen perdedores y ganadores, quien pierde, algún día, gana otra cosa. Y las veces que te sientas recompensado, equivale a lo feliz que puedes llegar a ser. Porque también  se trata de perder. Vertiginosos, capaces de vivir toda una vida haciendo cosas que no nos gustan, olvidando que es mejor una vida corta, haciendo lo que realmente deseamos, que una vida larga gastando así nuestro tiempo, de una manera estúpida. Con miedo a desear.

Hoy los rascacielos parecían no mirar hacia donde lo hacían ayer. El mar confundía con otro color y tú, tú ya habías vivido algunos minutos más, ya no eras el mismo. Invadir toda esa atención de ti, y lanzarla lejos. Es lo que nos hace diferentes. Conocernos sin olvidar que lo que nos rodea no es lo que somos. Y entonces tal vez te sorprendas. No nos conocemos, o al menos, no sabemos lo que podemos llegar a ser. Nos podemos reinventar.
Cuantas veces creíste en el destino, son el mismo número de veces que de personas que no vas a olvidar. Formarnos a base de recuerdos. Personas que te enseñaron a andar. Besos que no vas a olvidar. Promesas, que solo sirve hacerlas si vas a romperlas después. Sombras. Te seguirán.

Puedes encontrar a tus iguales, y puedes perderles por el camino también. Quizás es que hay alguien esperándote después de ellos. Nadie se marcha si tuviera pensado volver. No es hablar de amor. Es tan solo una recompensa. Todos necesitamos encontrar a alguien igual que nosotros. Alguien tiene que recordarnos nuestra dirección cuando nos perdemos de línea.
Tan particulares, tan diferentes. Y es que somos tan diferentes como iguales.
Ignorantes, pero con ganas de soñar. Y despegar está en manos del que sabe aterrizar. Y a improvisar hemos aprendido todos.


“Sopla el viento sin parar, para que vuelva… y en el viento viene y va una respuesta. Y voy detrás de todas las tormentas por si la encuentro.” Roberto Iniesta.

martes, 15 de enero de 2013

Tiempo



¿Y si un día despertaras y te dieras cuenta de que alguien ha hecho el camino por ti?
Que ya no tienes que levantarte más y correr porque llegas tarde, que ya nadie te espera al final de esa avenida. El teléfono tampoco va a sonar, ella no va a explicarte con que piedra se ha encontrado hoy. Tampoco va a hacer falta que te busques, y ya ni hablo de encontrarte. 
Quizás entonces ya no tendría sentido salir de la cama ese día, ni correr, ni llamar, ni explicar, ni buscar ni encontrar, nada.  Si algún día prometiste algo, ya tampoco vale. Si encontraste tu sitio, de nada sirve que sigas en él.  Pero eso es solo para quienes  no saben soñar.

Podríamos aprender a empezar cada día y de cero. El olor a tostadas, la voz que necesitas, un recuerdo y un objetivo. Nada tiene porque ser más difícil. Si cada golpe va a formarte después, no sé por qué les tememos tanto. Y hablando de sentirte lleno,  es tan simple… Como un acorde interminable que otros dejan de escuchar cuando tu aun lo estas sintiendo. Entre efímero e indescriptible, si nadie te hace falta entonces, ¿por qué nos empeñamos en que nuestra  felicidad se encuentra en los demás? 
Somos menos necesarios de lo que creemos. 
Pero si en algo tenemos que ver, es en como afrontamos esa mañana, como nos levantamos de la cama y quienes elegimos para que nos acompañen. 
La misma historia día tras día, pero yo prefiero andar mi camino, a levantarme un día y no tener nada por resolver.


“Dejarse llevar suena demasiado bien, jugar al azar, nunca saber donde puedes terminar o empezar”. Vetusta Morla.