Parecen ser diferentes calles cada día, igual de diferentes
que la taza de café que te espera en el mismo bar de siempre, el de la esquina.
Como las aceras y esos cruces abismales, los recorridos, los semáforos, los
destinos…
Sin embargo parecen ser siempre las mismas personas, pero
sin poder recordar ni una sola cara. Son tan diferentes que parecen ser todos
iguales. Levantar la mirada en medio de tanta incertidumbre, tantos ojos que no
miran, intenciones tan distintas, es sobrecogedor.
No eres la única persona que va hoy a esa terminal, que
sacará el mismo billete del mes pasado, en el mismo lugar de siempre y con la
misma indiferencia. No eres el único que levanta la mirada creyendo que tan
solo puede estar mirándole una sola persona de entre tantas que miran sin fijarse,
solo pendientes de lo que les está por llegar. Ni tan especiales ni tan enigmáticos.
Somos simples. Como al creer que somos únicos en algo, igual de simples.
Alguien se sienta en esa misma mesa con una taza de café
delante, el billete de la terminal de esa misma plaza en la cartera y las
mismas ganas de encontrar a otro alguien que le pare en esa calle de cruces
abismales, donde nadie puede conocerle ni fijar su atención en él, y que le
grite que son iguales. Que quiere saber que alguien como él, quiere conocer a
alguien como él.
Que no somos tan complicados, que solo queremos saber porque
vivimos enamorados de alguien que nunca conoceremos.
Y que si algún día encontramos a alguien igual, alguien que empiece
las cosas por el final, que pida el café en taza o que levante la mirada viéndose
tan lejos de toda esa multitud, que entonces le paremos y le hagamos saber que
no somos todos tan distintos. Que somos igual de abismales que todas esas
diagonales que van a parar a la misma plaza. Solo somos enigmáticos para
nosotros mismos, los demás saben que aun que decidamos coger la primera
terminal, acabaremos pasando por la tercera.
Que el día no acaba para nadie,
que si no es la tuya, otras vidas siguen cuando tú decides pararte.
Que las
ciudades nunca duermen.
"Que me maten si se bate lo que late contra ná que no seas tú. Porque yo siempre he sido, cuando todos se han ido, el que apaga la luz." Kutxi Romero y A. Piedrafita.