sábado, 19 de octubre de 2013

Valiente.


Vuelvo a bajarme aquí.


Has vuelto apenas sin avisar, del mismo modo que dejaste de estar al levantarme. Tardaste el tiempo justo que necesitaba para volver a necesitarte. Sin sentido y con muy pocas razones, sin solución.
Rabia, impotencia, miedo y el vértigo.
Ese punto muerto que nos llega sin avisar. Los días que tiemblan justo cuando encima de ellos permaneces tú. El tráfico y todo ese sinsentido de calles y semáforos, el poco sentido de todas esas caras.
Los días, las noticias; las tuyas. La rutina; el sin ti. Y entonces el miedo. Los interrogantes y el silencio. El semáforo en rojo, el último bar abierto, un último gesto y la última nota todavía pendiente.

El punto muerto.

La última vez que escribiré esto por ti. La última persona que te quedó por avisar, la aguja del reloj que no viste pasar, el tiempo aún pendiente, y tu impuntualidad, esta vez igual.
Hoy estás y ya he vuelto a acostumbrarme.
Podíamos esperar aquel metro que se nos escapaba, parábamos cada verano en la misma terraza, esquivábamos Ramblas enteras y al perdernos nos volvíamos a encontrar, entonces reías y decías que por poco nos perdíamos.
Y ya nos hemos vuelto a encontrar, como siempre.
Fue un punto y a parte, y al cambiar de linea nos han cambiado a nosotros también. Suerte que hay cosas que no se olvidan jamás. No hace falta volver a aprender como empezar. O a querer, como se quiere a un hermano, al mejor.


"Tendré que acostumbrarme, a lo mejor, a la impaciencia de que tú...llegues siempre tarde y yo, siempre esté esperándote."


2 comentarios:

  1. Me ha recordado mucho al poema ''Ideario'' ....''me da vértigo el punto muerto.....''
    Magnífico Marta, como siempre!

    ResponderEliminar